Nuestros milenarios y centenarios olivos se reparten por el antiguo Señorío Medieval de Santa Olalla, un entorno privilegiado para el árbol Mediterráneo por antonomasia, del que seleccionamos cuidadosamente su fruto de oro líquido.

   Ubicado en pleno centro de la Península Ibérica, el paraje se encuentra protegido por fronteras naturales, con los Montes de Toledo y los ríos Tajo y Alberche como lados de un triángulo geográfico surcado por cientos de pequeños arroyos, que riegan de fertilidad sus fecundas tierras.

   Torrente de vida del que brotan en cantidad y calidad vida vegetal y animal; riquezas naturales históricamente codiciadas por pueblos invasores y defendida a sangre por sus autóctonos moradores.

   Como Crisol de Culturas, el Señorío de Santa Olalla conserva cientos de restos arqueológicos esparcidos por su bella orografía. Cada asentamiento trata de borrar los restos del conquistado. Saqueo y destrucción serán común denominador de la Historia. Solo se respetará durante siglos un bien muy apreciado por autóctonos y colonizadores, una planta longeva que durará cientos de años, que sobrevivirá con mayor o menor esplendor según el pueblo que la posea... el olivo.

   Íberos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bárbaros, visigodos y musulmanes... se adueñaron sucesivamente de nuestras tierras y de sus preciados bienes materiales y naturales. Nuestros olivos han regalado sus frutos a pueblos íberos, a los que los fenicios enseñaron a extraer su aceite. Los romanos explotarían, extenderían y comercializarían sus óleos y aceitunas, mientras que los visigodos los olvidarían sumiéndolos en el abandono para resurgir de manera esplendorosa con los árabes.

   Con la recuperación de las tierras sometidas tras la RECONQUISTA, sus tesoros de oro líquido volvieron a nuestras manos. Los cristianos francos los conservaron y poseyeron casi en exclusividad. Con el paso de los siglos, al contrario que en otras comarcas donde renacerían, entraron en decadencia para dar paso a otros cultivos a priori más rentables para los terratenientes.

   Pese al drástico descenso del número de olivos en estas tierras afortunadamente quedaron los suficientes para que hoy sea posible la producción de una variedad de aceite milenario que anteriormente degustaron las élites del poder romano y árabe a su paso por estas tierras... de estos olivos y de sus historias obtiene el sabor nuestro aceite.

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