Una vez en la almazara, es el turno del trabajo mecanizado. Primero se procede a la limpieza de hojas y ramas, luego la criba y posteriormente el segundo lavado. Es entonces cuando se procede al pesado, antes de pasar directamente al proceso de molturación. Se bate la pasta y se centrifuga... estamos a punto de descubrir los primeros chorros de nuestro zumo de aceituna.

   La extracción del aceite se realiza de una única prensada y en frío. Pese a que el objetivo inicial es que en este proceso no se someta a la aceituna a una temperatura superior a los 30 grados centígrados, la realidad es que la obtención del zumo de nuestro fruto se hace a diez grados menos, 20 grados centígrados.

   Desde la cuidada y selecta recolección del fruto hasta la molturación y extracción de su jugo no pasan más de 4 horas, completando un ciclo natural y ecológico que otorga a nuestro aceite unas peculiaridades sensitivas únicas en el mercado. El esfuerzo de los operarios, el compromiso irrenunciable con la calidad y lo limitado de la producción, 9.000 litros, lo hacen posible.

   En definitiva, sólo una prensada y extracción en frío para conseguir que las propiedades y cualidades del zumo no se deterioren, a pesar de obtener un bajo rendimiento productivo, pues el objetivo principal es conseguir un aceite de máxima calidad, con independencia de los litros obtenidos.

   El resultado, un aceite singular, un verdadero zumo de aceituna que conserva todas las propiedades naturales de los frutos regalados por nuestros olivos, auténticas reliquias naturales vivientes.

   Un aceite virgen extra ecológico al que ya los romanos lo denominaron Oleum ex albil ulivis, para distinguir su excelencia entre sus cinco calidades diferentes, y los árabes Zayit al –unfaq, la delicatessen de la élite y del poder. Un aceite que invita a disfrutar de lo bueno de la vida... de lo mejor de la tierra.